Memorias de un yucateco.
Nací en una población del estado de Yucatán, en una familia de pescadores; comencé desde niño con los deberes de un hijo de pescador, tejiendo redes y fabricando arpones, para poder pescar. Recuerdo que una vez fui con mi padre cuando niño, a una pequeña plaza que hoy en día no existe, en donde se reunía la gente para comerciar, hablar y pasar el tiempo; escuchaba las conversaciones y discusiones de los filósofos y sofistas que se la pasaban por la plaza llevando tras ellos un grupito de discípulos que los seguían como ovejas a sus pastores. En una ocasión en que acompañé a mi padre a vender pescado, vi cómo se burlaban de un mendigo, al que le arrojaban comida como si fuera un perro; me acerqué y vi que no todos se burlaban, había entre la muchedumbre varios que tenían al mendigo por un sabio, pregunté quién era y me dijeron que era Silvano "El sínico". Pasados los años ya siendo mayor, hubo una ocasión en que vendía pescado en la plaza, volví a ver al mendigo, había mucha gente en torno a él, pues decían que alguien importante estaba hablando con Silvano, y ese alguien era un extranjero. Me entró curiosidad, de saber quién era el extranjero y de qué hablaba con Silvano; pude abrirme paso entre la gente logré ver a Silvano recostado en el suelo como siempre, y entonces escuché lo que decían: El extranjero dijo llamarse Alejandro, dejando entrever que él era importante; a lo que Silvano contestó, "¡Yo soy Silvano el sínico!". El extranjero preguntó a Silvano de qué forma podía servirle, a lo que él contestó, que podía servirlo apartándose, pues el extranjero le tapaba el sol, y diciéndole que no necesitaba nada más. Pasado un rato, pregunté a los concurrentes quien era el extranjero, a lo que me contestaron que era Alejandro, el futuro presidente del País...

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